Round 2015 – La Vejez vs. Frank Pineda

Muhammad Ali

Los finales me conmueven. Me gusta el aroma que traen las cosas que están por terminar. Eso que está cocinándose adentro del horno y que pronto saldrá para servirse caliente en la mesa, me da hambre y esperanza.

 

Cada año que se acaba es una bendición. Y este 2015 se me fue de las manos. Para mi fortuna, mañana es mi cumpleaños.

 

Seguramente debería de sentirme desdichado y deprimido porque me vuelvo más viejo y me voy quedando con las ganas de hacer muchas cosas de las que luego me voy a arrepentir por no haberlas hecho. Sin embargo, la culpa cobra intereses muy altos y el consumismo barato ya no me interesa.

 

La fruta de mi juventud pierde color y se va pudriendo un poquito más por dentro. Si abro los ojos, si me dejo crecer las ganas, si le compro un carro deportivo a mi curiosidad, si me tatúo la palabra madurez en el corazón, si le tiño las canas a mi voluntad, incluso si publico algo como esto que escribo en este momento, la gente va a pensar que estoy entrando en crisis.

 

Señores del jurado, si algo puedo decirles a mi favor, es que soy culpable. Vivo en crisis desde que nací. Cada mañana, cuando respiro, cuando veo que el mundo se va a acabar antes que yo, cuando tomo un taxi al pasado, cuando mi mujer todavía me toma la mano bajo la mesa con todas sus fuerzas, cuando soy lo que soy porque me falta valor para quemar lo que no me sirve, cuando abro un libro en cada persona que leo, cuando mi hija me ve a los ojos y encuentra migajas de nobleza, cuando mi egoísmo es la piedra en mi zapato, cuando Dios tira los dados y aun apuesta por mi.

 

Todos los días, entro en crisis. Y justamente ahí, están mis ganas de vivir. De comenzar de nuevo. De ordenarlo todo.

 

Creo que no tengo opción. Me gusta envejecer y todo lo que esto significa. Sus ofertas, sus exigencias, sus contradicciones, sus carencias, sus juventudes, sus engranajes oxidados, su poder adquisitivo, sus fantasías sexuales, sus sálvese quien pueda, sus demagogias, su paisaje en los espejos, sus insomnios y esos sarcasmos ambiciosos de los mas jóvenes e inexpertos que yo hacía mis años recorridos, sin darse cuenta que se ven mas jodidos que mi pellejo y mis ruinas. Me gusta todo. Lo disfruto tanto en cada año que se termina y en cada cumpleaños que comienzo.

 

El 2015 fue un gran round. Ni la tendinitis calcificada, ni mi inexperiencia profesional, ni las tres úlceras, ni Sabato, Platón o Cabral, ni el rencor, ni el shock anafiláctico, ni mi falta de tiempo, ni mi licencia vencida, ni Cortazar, Gelman o Borges, ni los ladrones, ni las libras perdidas, pudieron ponerme fuera de combate.

 

Aunque estuve contra las cuerdas y me caí varias veces durante la pelea, entre la vejez y las crisis, sigo de pie.

Frank Pineda

Frank Pineda

Soy un escritor aficionado hecho en Honduras, pero distribuido en Guatemala. Me gusta mucho escribir poesía, cuentos cortos y reflexionar sobre las cosas más pequeñas de la vida. No tomo café, no tengo un gato y viajo ligero sin exceso de equipaje.

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