Los Trapitos Sucios de la Crítica

Stefan Luchian – La Lavandera

 
En este país, el problema no es el fantasma de la desnutrición, ni los altos niveles de desempleo, ni el sistema anémico de la educación. Tampoco es problema la mano tramposa de la corrupción que nos manosea bajo la mesa. Mucho menos el abrigo sucio, mal oliente y frió de la violencia, esa que se respira con olor a miedo en las calles desde la mañana y que algunos tienen que tolerar cuando regresan a sus casas. Los tratos inhumanos en las minerías, los corazones daltónicos del racismo, la denigración que sufre la belleza del tesoro mas valioso y puro que tristemente se vende en las esquinas de la prostitución, ni la novela del narcotráfico, tampoco son el problema. No, no lo son. Siempre hablamos de ellos porque no aguantamos nada. Estas dificultades se dan en todas partes. En los países mas cultos y desarrollados. En los planetas mas civilizados, lejanos y modernos en los confines de nuestro universo. El verdadero problema, el viento en contra que no nos permite avanzar, el sargento que nos ordena a marchar en reversa, el cáncer que esta llevando este cuerpo al suelo de manera despiadada y sin control, es la gente. Si, esa que a todo intento para poder respirar le tapa la boca y la nariz para asfixiar las ganas y la motivación que está moribunda. Esa que se dedica a criticar para llamar la atención y sentirse importante. Esa que le inyecta veneno a los restos de esperanza que nos quedan, porque según la teoría, eso es lo ultimo que deberíamos perder. Esa a quien le pregunto ¿que es ser chapín? y me responden que aun soy muy pequeño para entenderlo. Esa que con grandes filosofías, armas, vivencias, universidades y frases que encuentran en los libros de grandes personajes, dicen que nos quieren hacer personas pensantes. Ante todo esto y más, lo único que siempre he pensado es… ¡su madre!

 

Yo quisiera huir. No escucharlos. No verlos. No leerlos. Pero no puedo. A mi me gustan las películas de acción. Y estoy esperando esos últimos quince minutos del guión en donde el personaje principal sale desde abajo, humilde, desde la nada y se pone la mascara que lo convierte en héroe y usa un super poder – que ni me imaginaba – para ganarle a los villanos y salvar el mundo. Yo tengo ganas de ver como las personas que están cansadas de la situación a su alrededor y de las personas como yo que solo escribimos y no actuamos, se levantan. Quiero ver como le tienden la mano a esta patria tirada en el piso y le dan un poco de vida. Porque lo que no vemos es que sobre la espalda de Guatemala ya somos muchos los que estamos encaramados y la forma mierda de pensar es lo que mas le pesa. Hagámonos un favor y ya no le volteemos la cara, no la escupamos, no nos juzguemos, si somos del mismo equipo. ¿Acaso no hablan de la misma azul y blanco en sus camisolas o se ofenden cuando deletrean mal el nombre de su país?. Yo también tengo problemas, peores o mas ralos que los de otros, pero los tengo y no me dedico a complicar las ganas de salir adelante de los demás. Yo no tengo un negocio propio, compro ropa en “paca”, ya me asaltaron y me rajaron la cabeza por tener un “frijolito”, también me abandonó mi papá, desperdicio la mitad de mi vida en el trafico todos los días, tengo deudas y no encuentro la forma de retirar a mi mamá y a mi abuela para que descansen de tantas batallas. La niña mas bonita de la escuela nunca me paró bola. Tengo hijos que alimentar y educar. En un barrio que ya ni aparece en los mapas de los libros de historia, los mas grandes y rudos me desmayaban a golpes y tenía que regresar a mi casa a llorar. Me meto el sencillo en el calcetín cuando camino por las calles para sentirme un poco mas seguro. Aprendí a encontrarle sabor a la tortilla remojada en el café repetidamente en un mismo día. De niño entraba a las piñatas a robar dulces y ahora de grande entro a robarme un trago. Además no me gusta como manejan este gobierno los herederos de la impunidad, ni lo que opinan los que tienen traumas o creen conocer de mi religión. Los impuestos son un desfalco a mis necesidades y definitivamente, lo que ustedes piensan no me parece que es correcto porque yo no pienso igual. Pero que culpa tienen ustedes, ¿verdad? Si tienen problemas mayores a los míos y es muy probable que crean que soy el culpable de los suyos.

 

Usted ha de estar pensando que esta es una critica y claro, yo se lo confirmo, si lo es. Yo soy de esa gente que critica. La que desde la comodidad que me brinda la libertad de expresión, me muestro erguido y elegante para verme irreverente, intelectual, negligente, conocedor, soberbio y sobre todo para destruir lo que no llena mis expectativas, ni mis acertadas profecías de como debería funcionar el mundo. Pero a diferencia del montón y lo barato, yo no quiero que esta opinión se vaya en blanco sin poner un ladrillo en algo que me gustaría que algún día fuera mas grande. Algo que quiero ver crecer en gente que tiene voluntad, que son arquitectos del futuro, que no esperan a que los sueños se hagan realidad, sino que se despiertan muy temprano para edificarlos. Los que quieren opinar con respeto. Los que no ven el punto negro en la hoja en blanco. Esos que no hablan de la guerra que ya dolió, ni de una historia pasada, porque lo que quieren es construir una desde el presente. Los que piensan que cuando se hacen las cosas sin palabras, deben ser los hechos los que se encarguen de contarlas. De esos hablo yo, de los que si actúan. No de los que pintan con quejas y carencias las paredes de la ciudad y las redes sociales. Esos que tienen la boca grande como un lobo, pero que son carentes de manos como las aves carroñeras.

 

Me gustaría tanto que las personas que piensan mas bonito y responsable que yo, se dedicaran a enseñarnos a los demás como se construyen las cosas, pero con propuestas, no con pensamientos llenos de polillas y resentimientos. Todos esos revolucionarios de mente brillante, esos intelectuales de corazón, que pudieran encender una luz en este cuarto oscuro donde todos permanecemos sentados. Si a ustedes esto no les interesa, dejen que los demás que aún creen lo intenten una vez mas. Déjenlos que se equivoquen en otro intento fallido de despertar, de asumir, de metamorfosis o como le quieran apodar. Pero a ellos déjenlos jugar. Permitanles experimentar. Igual, ya no hay nada que perder. Como ustedes mismos dicen, en este país ya todo esta perdido, ¿verdad?

 

Aquí les dejo mi critica, con algunas faltas de ortografía. Para que cuando la analicen, le encuentren un error y la escupan. Aunque les confieso, que prefiero que me enseñen a escribir y me ayuden a mejorar mi redacción.

Frank Pineda

Frank Pineda

Soy un escritor aficionado hecho en Honduras, pero distribuido en Guatemala. Me gusta mucho escribir poesía, cuentos cortos y reflexionar sobre las cosas más pequeñas de la vida. No tomo café, no tengo un gato y viajo ligero sin exceso de equipaje.

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