Pongamos Que Leo y Escribo

Mi amigo Leonardo Rosales me ha insistido desde hace unos días que quiere escribir un poema “a cuatro manos”… una especie de colaboración entre el y yo. Pero yo la verdad, preferí escribir sobre el. Así que de esta forma fue como le perdí el respeto (tendrían que ver como en un chat comenzó toda esta irreverencia al desamor!):

 

Pongamos que escribo de leo,
sobre la página en blanco que hay en el cielo de su cama,
del polizón que viaja por sus almohadas,
de como él olvida nombres en un crucigrama,
de eso escribamos…
de por qué el canalla superó al caballero,
de por qué las damas ya no son primero,
de por qué no entiende si esto es un poema a cuatro manos
o es un duelo del amor entre una cualquiera y un fulano.

 

Mejor escribamos de leo,
y hagámoslo canción,
o mejor olvidémoslo y lo firmamos con derechos de autor,
hagamos de su corazón una gran casa de citas,
un parque de diversión para señoritas,
que cuando comience la tristeza suene a canción
que suene a despedida,
a la sal y el limón con que brinda el desamor en el bar de las heridas,
a el punto de partida que se deja con las partidas,
al caramelo que envenena la boca cuando se dice adiós,
al jaque mate que nos hacemos los dos.

 

Escribamos de leo,
y hablemos de lo que ya no escribe,
del corazón donde ya no vive,
de eso escribamos…
del bueno, del malo y de leo,
de las mujeres que solo se mencionan en las cantinas,
de estos versos que hicimos sin rimas,
de esos recuerdos que nos tiramos en las esquinas,
de las vírgenes de su amargura,
de la botella oscura que ya no lo cura,
de las caricias vacías que auxilian,
de las manos amigas de las que se exilia.

 

Pero escribamos de leo,
y de las cosas que el piensa y yo no creo,
para que se fugue en un tranvía llamado deseo,
para que recordar no le salga tan caro,
para que el futuro ya no tenga reparo,
para que cupido no regrese hasta nuevo aviso,
para que la libertad nos recoja del piso,
para que la tentación le quite la camisa,
para que en los escotes se encuentre una sonrisa,
para que el reloj vaya de prisa,
para que este “peque” tenga “cuate”,
y este cuate, peque.

Frank Pineda

Frank Pineda

Soy un escritor aficionado hecho en Honduras, pero distribuido en Guatemala. Me gusta mucho escribir poesía, cuentos cortos y reflexionar sobre las cosas más pequeñas de la vida. No tomo café, no tengo un gato y viajo ligero sin exceso de equipaje.

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